Imposible aburrirse en terreno, asegura el gerente general de Minera Spence y presidente del Consejo Minero. “Siempre hay algo que hacer: ver cómo se mueven las toneladas, las perforadoras, los camiones, cuánto sale de producción…A mí me apasiona el tema
Una enorme fotografía que muestra intrincados caminos descendiendo sinuosamente hasta zambullirse en las profundidades del desierto guardan las espaldas de Francisco Costabal Madrid (casado, 4 hijos).”Esto es La Escondida, la mina más grande del mundo”, cuenta con entusiasmo mostrando la imagen que adorna la pared de su oficina. Con la mirada fija en la fotografía, cuenta como transportado a ese lugar, los atractivos de ese entorno. “Uno ve camiones, palas perforadoras y otros equipos y sabe lo que están haciendo ahí”. Asegura que los campamentos hoy son espectaculares. “Han evolucionado un montón. Tienen entretención, diversidad en la comida, no como antes en que había 'el plato'”.
—¿Imposible aburrirse?
"Imposible! Siempre hay cosas que hacer. Por último ver cómo se mueven las toneladas, las perforadoras, los camiones, cuánto sale de producción. Es muy entretenido el proceso".
Por la pasión con que habla de su oficio, podría pensarse que Francisco Costabal -el mayor de 10 hermanos-, vino al mundo en el norte, entre prospecciones y tronaduras, pero lo cierto es que nació en el campo, en María Pinto, donde su padre era agricultor.
A Santiago se vino cuando tuvo que entrar al colegio, a los Sagrados Corazones de la Alameda. De ahí egresó sin una idea muy clara de lo que quería ser en la vida así que optó por una profesión versátil: ingeniería comercial. Fue de la promoción de Miguel Kast, Ernesto Silva y tuvo algunos ramos con Sebastián Piñera. En tercer año se fue a Estados Unidos, primero a vivir con una familia para soltar la lengua con el inglés, y después a la Kentucky University para tomar ramos de su especialidad. Eran los tiempos en que EE.UU. vivía la revolución de las flores. “Fue mi primera salida de la casa. Tengo guardadas todas las cartas que me mandaba mi familia, incluyendo las de mi abuelo, que me pedía que me portara bien”.
—¿Y se portaba bien?
“Mmmm, de vez en cuando. Eran memorables las fiestas de los viernes en los fraternities de la universidad. Eran casi liberales porque estaba el movimiento hippie”.
De los momentos inolvidables que guarda de esos tiempos también está la vez en que fue a Nueva York con unos amigos y tomaron un tour en helicóptero sobre Manhattan. “Terminamos muy asustados cuando aterrizamos en el edificio que era de la Pan Am y ahora es de Metlife. La aterrizada fue súper movida porque había un viento terrible. Creí que nos moríamos”.
Un Maestro
Mal año le tocó para egresar de la Universidad y buscar trabajo. Era el '72 y las cosas no estaban precisamente tranquilas en Chile. “Encontré una pega en la CAP, en Huachipato, de auditor interno. Cuando uno entra a trabajar, todo lo encuentra difícil, porque no tiene mucha idea. Pero tuve un gran jefe, don Miguel López Alameda. Este señor me creó disciplina, el gusto por hacer bien las cosas , la necesidad de superación. Todavía vive el caballero y de vez en cuando lo veo”.
A esas alturas Francisco Costabal ya pololeaba con su señora, y se venía desde Concepción el viernes en el tren nocturno y se devolvía el domingo. Afortunadamente, a poco andar lo trasladaron a Santiago. Y el año 75, hizo su ingreso a la minería. “El gerente de Finanzas de CAP se fue a trabajar a Minera Andina, hoy División Andina de Codelco, y me ofreció irme con él. Me fui a vivir a Saladillo, en Río Blanco, y allá estuve 5 años”.
A fines de los 70, lo invitaron a trabajar en el proyecto Lo Aguirre, en Pudahuel. “Entré como contralor y salí de gerente general”. Un nuevo cambio llegó en los años 90, cuando lo llamaron para unirse al equipo que construiría Mina Cerro Colorado, en Iquique.
Yo tengo una gran socia: mi señora. Ella fue la que me empujó. Yo tenía cerca de 40 años y estaba medio “flojón”, necesitaba un desafío fuerte. Y junto a otra gente hicimos una gran obra, porque Cerro Colorado fue el primer proyecto de este boom, después de Escondida”.
Le tocó construir toda la mina de Cerro Colorado: campamento, casino, comedor, oficina, abrir la mina, construir los chancadores, las canchas de lixivaciones, todo. “En ese tiempo deben haber habido más de dos mil personas trabajando”. Terminó siendo presidente de Cerro Colorado, en el año 2002.
“Cuando uno está en la mina trabaja todo el tiempo que puede, porque uno está construyendo algo. Me ha tocado construir tres minas. Lo Aguirre, Cerro Colorado y Lo Spence. Y soy muy agradecido por esas oportunidades que me ha dado la vida porque son como hijos”.
Cuenta que en Spence llegó a tener 8 mil personas trabajando, y haberlo hecho “sin conflictos laborales, es una gracia, una super buena experiencia. Las satisfacciones son muy grandes”.
Su filosofía es que las personas son lo esencial. “Los proyectos no se hacen porque están los planos, ni el proceso. Se concretan porque hay personas que hacen las cosas. Y eso hay que reconocerlo. Tengo una gratitud muy grande hacia las personas, partiendo por el trabajador que picó una zanja para colocar un cable”.
Encontró su Destino
Hoy el tiempo libre que le queda cuando no está inmerso en los temas de Minera Spence o en los del Condejo Minero, lo dedica a mirar el mar desde su departamento en Viña, a disfrutar de su parcela en Curacaví, o a andar en su moto de 1.200 cc, recorriendo rutas como la subida a Farellones.
En un balance de su vida, el resultado arroja un superávit. Acabo de cumplir 35 años de matrimonio y tengo cuatro hijos que están bien. Uno se esfuerza por hacerlo lo mejor posible, pero a veces mira para el lado y encuentra muchos desastres. Por eso soy muy agradecido de todas las cosas que se me han ido dando. Por ejemplo, de no haber estado nunca desempleado”.
Fuente: www.estrategia.cl |